COMO LOS ÁRBOLES NO GRITAN…

Los incendios forestales, una de las grandes amenazas de la actualidad

Escribir ahora sobre incendios forestales es, tal vez, una página más en un libro de modas, un tema demasiado a la orden del día, pero ante una situación como la que se vive en toda España, es necesario hacerlo.

Los incendios forestales son una gran amenaza, sin duda, una de las mayores lacras ambientales de nuestra sociedad, junto a la erosión o la sequía, todas agravadas por la crisis climática. Es evidente que hay que dar la vuelta a esta situación, pero, ¿dónde debemos poner el foco?

Incendio forestal arrasando la ladera de un monte en mitad de la noche, las llamas crean un corredor entre los árboles.
Incendio en la ladera de un monte. Fuente: Pexels.

¿Qué es un incendio forestal?

Según la RAE, un incendio forestal es un fuego que se extiende sin control sobre combustibles forestales en un entorno natural.

Para conocerlos más a fondo, podemos fijarnos en aspectos como el origen del fuego -provocados, negligentes y naturales- o la regla del 30. -Esta marca las condiciones óptimas para que se produzca un incendio forestal, temperatura superior a 30ºC, rachas de viento de más de 30 km/h y humedad en la zona inferior al 30%-. Estos aspectos “técnicos” está bien conocerlos, y son de gran ayuda en ámbitos profesionales, pero tenemos que plantearnos por qué vivimos estas oleadas de incendios.

Cartel informativo del plan INFOCA  de la Junta de Andalucía, persigue concienciar sobre los incendios forestales, se ve una niña señalando un paisaje cubierto de cenizas tras un incendio, a la imagen le acompaña la frase: el fuego hace cenizas tus sueños.
Cartel del plan INFOCA. Fuente: Junta de Andalucía.

¿Por qué se queman nuestros montes?

Desde mi experiencia, el enfoque hay que hacerlo en ciertos aspectos concretos. Podemos empezar mencionando que quemar bosques en España es muy barato. En el código penal se castiga con penas de prisión de 1 a 20 años “a los que incendiaren montes o masas forestales“, pese a esto, no existen a penas casos ejemplares que demuestren que en nuestro país quemar el bosque no es gratis.

No es fácil resumir por qué nuestros espacios verdes, incluso espacios protegidos, se ven sentenciados al fuego. En muchas ocasiones, la causa inmedita es que nuestros campos están rozando el abandono. Hace no mucho tiempo los vecinos de pequeñas ciudades, pueblos y aldeas vivían en sintonía con la naturaleza, los bosques formaban parte de su sustento básico y por ello ganaderos, agricultores y ciudadanos en general se aseguraban de que las tierras estuvieran en buen estado. Hoy en día, con la población volcada hacia las costas y el área metropolitana de Madrid, la naturaleza ha sido abandonada. Ya apenas recorren los campos pastores con sus rebaños, desbrozando y limpiando el bosque a su paso. Los agricultores son ahora administrativos, comerciales o altos ejecutivos, y muchas de sus tierras han sido abandonadas. La naturaleza queda a merced del fuego.

Si a estas situaciones añadimos el efecto sinérgico de la crisis climática, tenemos una ecuación del caos muy peligrosa. La sequía, el estrés hídrico asociado o un verano más largo, cálido y seco son algunos de los factores que hacen más complejo si cabe este rompecabezas. Buen ejemplo de esta situación es la reciente oleada de incendios declarada el pasado viernes 29 de octubre en Cantabria. Más de 60 incendios estuvieron activos en un solo fin de semana, en una de las comunidades más verdes del país, todos provocados.

Se muetra un cartel durante una manifestación contra la crisis climática con el lema: There is no planet B
Manifestación contra la crisis climática. Fuente: Pexels.

¿Qué podemos hacer ante esta situación?

Mientras paseaba este verano por mi pueblo pude hablar con un agricultor sobre todo lo que estaba pasando con esto de los incendios. Tras un rato de charla y debate sobre por qué pasaban estas cosas y quien tenía o dejaba de tener la culpa, llegamos a algunas conclusiones. La naturaleza nos necesita, casi tanto como nosotros a ella, las tendencias ecologistas de no intervención en los bosques no dan buenos resultados.

Esto se intensifica con la distribución poblacional actual, el campo hay que cuidarlo, y si hoy no pasta el ganado por los montes y limpia el combustible excedente tenemos un problema grave. Si no se fomentan actividades y se incentiva la vuelta al medio rural, la administración debe tomar cartas en el asunto. A día de hoy, a nivel andaluz y nacional, la administración es incapaz o no aplica todos los esfuerzos que debiera contratando profesionales y medios que cuiden el bosque.

Para terminar, coincidimos en que es esencial crear una conciencia social basada en la puesta en valor de la naturaleza, así mismo, es necesario fomentar la cultural del árbol. Valores que hemos perdido y debemos recuperar.

Tenemos un grave problema en casa, los incendios son cada día más frecuentes e intensos, pero la solución está en nuestras manos.

Como siempre dice mi padre: “como los árboles no gritan…”

Observamos un árbol solitario en lo alto de una colina, sin hojas por la llegada del otoño y el fin de la temporada estival, de fondo una puesta de sol con tonos anaranjados y una cordillera.
El árbol solitario. Fuente: Pexels.

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