Del ‘Proyecto Manhattan’ a desertar a la URSS: así fue la vida de Bruno Pontecorvo

El científico italiano participó en el desarrollo de las primeras bombas atómicas y, luego, desertó a Rusia

Bruno Pontecorvo es un científico nacido en Pisa, Italia. Se especializó en física de altas energías, concretamente en neutrinos. Se crió en el seno de una adinerada familia italo-judía. Durante su formación académica, estudió en la Universidad de La Sapienza, bajo la tutela de Fermi. De esta manera, se convirtió en el menor de los ‘Chicos de la Vía Panisperna’.

En el año 1934, se mudó a París, donde se alistó al Partido Comunista Francés bajo la influencia de su primo. Sin embargo, tuvo que huir de la capital francesa, ya que el acercamiento a la ciudad del ejército nazi provocó que se viese obligado a huir en bicicleta de la ciudad y, después, buscar acomodo en un entrono seguro hasta llegar a Tulsa. Ya en la segunda localidad más grande de Oklahoma, usó sus conocimientos científicos para trabajar en la prospección petrolífera y la búsqueda de minerales.

En el continente americano, dio un gran paso adelante en su carrera profesional, puesto que formó parte del ‘Proyecto Manhattan’, donde colaboró en el desarrollo de las primeras bombas atómicas. Posteriormente, se unió al equipo que diseñó el reactor nuclear ZEEP, que se trata del primero en exterior ubicado en Estados Unidos.

Tras su paso por el otro lado del charco, volvió a Europa para vivir en Gran Bretaña para trabajar en el ‘Atomic Energy Research Establishment’ durante un año. Sin embargo, desapareció un día su familia al completo y durante años no se conoció nada sobre su paradero en años.

Años después, se pudo conocer que estaba en Rusia, ya que sus ideas comunistas le llevaron a desertar a la Unión Soviética. Desde su llegada al gigante europeo, Bruno Pontecorvo se dedicó al estudio de los neutrinos. El físico propuso el uso de cloro para detectar la partícula ya mencionada. Ya en 1959, defendió a capa y espada que el neutrino electrónico y el neutrino muónico eran diferentes.

Los solares fueron detectados y, por tanto, se demostró su existencia, pero salieron solo entre un tercio y la mitad de lo esperado en el ‘Experimento Homestake’. Posteriormente, propuso la existencia de la oscilación de neutrinos, que se demostró en el experimento ‘Super-Kamiokande’ cinco años después de su muerte. Además, pronosticó en 1958 que en el interior de las supernovas se producían explosiones intensas de neutrinos, lo cual fue verificado en 1987 cuando la ‘Supernova SN 1987A’ fue detectada.

Finalmente, murió en Dubna en el año 1991. Pese a que estos años fuesen bastante productivos con respecto a la investigación, durante sus últimos años, no quiso seguir viviendo en la Unión Soviética, pero no pudo salir del gigante europeo. Esto se debe al ostracismo, que tenían las informaciones rusas por su enfrentamiento en la guerra fría con Estados Unidos. El científico pensaba que no se valoró su aportación a la física nuclear por las leyes soviéticas y su orientación política.

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