EL SUELO: UN TESORO PERDIDO

La degradación del suelo: erosión, torrencialidad e incendios

Vivimos en el mundo de la globalización, donde la cabeza no descansa, tenemos al alcance de la mano la práctica totalidad de la información conocida, y todos somos “activistas” de sofá y manta… ¿Pero realmente conocemos qué pasa al lado de nuestras casas?

La crisis ambiental, esa gran extraña con la que convivimos, es una de las amenazas más importantes de nuestra generación, de la de nuestros padres y  de las generaciones futuras. Por esto hoy vamos a hablar de lo que pasa cerca de nuestros hogares, en la provincia de Málaga, concretamente en la Axarquía, y que podemos ver en casi en cualquier rincón del planeta.

Suelo fuertemente erosionado, fragmentado con pequeños surcos.
Erosión y sequía. Fuente: Pexels.

¿A qué nos enfrentamos?

Estamos hablando de la degradación y pérdida del suelo, concretamente de la alianza que conforman la erosión, la torrencialidad y los incendios. Una simbiosis a tres en perfecta armonía, y que junto al mal hacer del ser humano y al abandono del territorio rural están azotando nuestras tierras.

Tras un verano donde el nombre propio ha sido “incendio forestal”, y ante la entrada del nuevo año hidrológico acompañado de la hasta ahora “estación de lluvias”. Este año en España, hasta el 21 de agosto, ardieron más de 280.000 hectáreas, cifra que ha aumentado con los incendios de final de verano.

Esto supone que en todo ese territorio la cobertura vegetal es prácticamente inexistente, y que en el suelo y la atmósfera queda un fabuloso fertilizante natural. De una situación tan horrible como un incendio forestal surgía una nueva oportunidad para la vida. 

Rondan ahora por mi cabeza la conocida erosión y su problemática asociada, la pérdida de suelo. Entran en juego las mediterráneas lluvias torrenciales. Esas famosas DANAS que ante un desprotegido suelo dan rienda suelta a la erosión, en este caso hídrica, que merma los suelos de nuestras regiones, retirando los nutrientes mencionados y el propio suelo.

Varios coches chocados unos con otros debido a fuertes inundaciones en la provincia de Málaga.
Inundaciones en Málaga. Foto propia.

La agricultura, un factor diferencial

Esta situación se ve agravada en muchos casos por la actividad antrópica, principalmente por la agricultura, y es el caso de la Axarquía, uno de los suelos más degradados de Europa. A todos estos factores que mencionamos -erosión, torrencialidad e incendios- se añaden artes agrícolas inapropiadas y la retirada de árboles y arbustos típicamente mediterráneos.

La vegetación potencial y cultivos históricos, como el almendro, la encina, el algarrobo o el olivo han ido desapareciendo paulatinamente  de los montes axarquienses. En su lugar se han visto favorecidos cultivos subtropicales como el mango o el aguacate. Este cambio ha jugado en detrimento de nuestro patrimonio, del suelo, que se ha visto fuertemente degradado. 

Por todo esto no es de extrañar, y los datos me remito, que la comarca malagueña se encuentra en una situación límite. Nueve de los municipios que la conforman sufren pérdidas de suelo superiores a las 100 toneladas por hectárea y año. Es importante conocer que el umbral de erosión tolerada se sitúa en valores de 12 Ton Ha /año (ICONA, 1992).

Un hombre y un buey arando la tierra con la puesta de sol de fondo.
Agricultura tradicional. Fuente: Pixabay.

¿Pero qué es la erosión tolerada?

Cuando hablamos de erosión tolerada o tolerable nos referimos a aquella que permite manterner la fertilidad del suelo durante al menos 25 años. Como se menciona en el Inventario Nacional de Erosión de Suelos son valores de unas 12 Ton Ha /año (ICONA, 1992). Además, marca una densidad media del horizonte superficial de 1’2 Ton*m3, suponiendo una pérdida media anual de suelo de 1mm.

Todos estos datos nos colocan a la cabeza del proceso de desertificación en Europa, y ante un desafío de gran calibre, al que sin duda podremos dar la vuelta. Sin embargo, para ello hace falta una actuación multidisciplinar y transversal sobre todos los factores implicados.

Suelo muy fragmentado con una única plan que intenta sobrevivir.
Fragmentación del suelo. Fuente: Pixabay.

¿Cómo debemos actuar?

Debemos poner el punto de mira en la reducción del riesgo de incendios forestales y la gestión responsable del agua para satisfacer las necesidades actuales y luchar contra la sequía -fuertemente relacionada con la pérdida de suelo-.

De igual manera se debe crear un frente común con una agricultura comprometida con su entorno. Hablamos de una agricultura que fomente un uso apropiado y correcto del suelo. Que complemente cultivos tropicales de alta demanda hídrica y muy rentables económicamente, con otros menos exigentes. Es decir, que con los propios cultivos sean capaces de protejer nuestros suelos. Para esto es importante hacer uso de cultivos tradicionales. Además, se debe exigir y ejecutar un control exhaustivo sobre la explotación indebida de los recursos subterráneos.

Desertificación, degradación del suelo, intrusiones salinas o incendios forestales, la situación es compleja y seguramente de miedo. Todo esto lo sabemos, pero el desafío emociona. Las claves para triunfar ya las conocemos: trabajo en equipo, sentido común y solidaridad. Son conceptos que hemos perdido, pero que si recuperamos nos ayudarán a luchar contra cualquier amenaza.

Un árbol centenario que por la erosión ha quedado con casi todas las raíces a la vista, se sostiene en pie sobre algunas de las mismas.
El árbol flotante. Fuente: Pixabay

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