LA LENGUA DE SIGNOS, EN JAQUE

En España, hay 1.064.000 personas con alguna dificultad auditiva y el 97% comunica de manera oral

Un hijo/a nace con sordera en 2.500 nuevas familias, aproximadamente, según datos de la Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia (CODEPEH). En España, hay 1.064.000 personas, mayores de seis años, con alguna discapacidad auditiva, tal y como refleja la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia (INE, 2008).


Según la citada encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE), más del 97% de esta parte de la población comunica en lengua oral y, en su mayoría, cuentan con prótesis auditivas. Afortunadamente, el avance tecnológico ha facilitado esta expansión comunicativa gracias al implante coclear, un pequeño dispositivo electrónico que estimula las terminaciones nerviosas de la cóclea para proporcionar la sensación de sonido a una persona con dificultades de audición. Este hecho provoca que las personas con problemas auditivos cuenten con habilidades comunicativas que les permitan interactuar con el resto de la población. Sin embargo, no todas las personas oyentes poseen conocimientos sobre lengua de signos para poder comunicarse con las personas sordas.

Transmisión de sonidos a través de un implante coclear. National Institute of Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD)

¿Ha perdido valor la figura del intérprete en LSE?

Por otro lado, una de las claves esenciales para las personas sordas corresponde a la figura del intérprete en Lengua de Signos Española (LSE). A pesar de su función esencial como intermediario lingüístico, su papel se ha visto cuestionado en los últimos años. Tanto es así que el Grado Superior en Lengua de Signos desaparecía hace tan solo unos años de la oferta académica de España. Como resultado ahora solo aparece como asignatura en el Grado Superior en Mediación Comunicativa.


“El papel del intérprete de LSE ha perdido valor en los últimos años”, señala Gloria Fresno, socia fundadora de la Asociación de Lengua de Signos de Málaga (ALMA). “Muchas veces los hijos de las personas sordas desempeñan un papel de intérprete que no le corresponde”, añade Fresno en relación a la ausencia de la figura del intérprete en LSE en las instituciones públicas. Además, la socia fundadora de ALMA apunta a que las personas sordas quedan “indefensas” frente al vacío legislativo de una lengua de signos puesta a día de hoy en jaque.

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