LOS MICROPLÁSTICOS CAUSAN DAÑOS IRREVERSIBLES EN LAS AVES MARINAS

Siempre escuchamos que los microplásticos y su extensión por el planeta son una importante amenaza para el medio ambiente. Sin embargo, los estudios que demuestran los daños que generan en los seres vivos son escasos, o no son aplicables a la realidad. Por suerte, la preocupación por sus efectos está en auge, presentándose una reciente investigación que inventa un nuevo término: “plasticosis”.

Ave de cuerpo marrón oscuro con pico y patas de color claro. Está posada sobre una roca y se acerca a la cámara dejando ver su ojo de color oscuro
Ejemplar de pardela paticlara (Ardenna carneipes), ave protagonista del estudio // GBIF (theylooklikeus)

Antecedentes

Se sabe que los microplásticos que se ingieren —y todo tipo de partículas de plástico en general— pueden interaccionar con tejidos blandos, provocando daños importantes en su funcionamiento. Las investigaciones que demuestran esto, sin embargo, tienen una serie de limitaciones ya que no tienen en cuenta la variabilidad del ambiente. En estos estudios, suelen usarse animales originalmente sanos y, como causante del daño, plástico puro —sin mezclas con otros componentes— o poliestireno.

En la realidad, hay mucha más heterogeneidad en los plásticos que contaminan el medio. Presentando estos muchas más mezclas químicas, distintos tamaños, e incluso distintas formas y bordes causados por la degradación a la intemperie. Expresamente, los plásticos más irregulares son los que provocan más daño celular.

Por ello, en este estudio se tomaron pardelas silvestres (Ardenna carneipes) recién fallecidas o en muy mal estado de salud para poder realizar los análisis. En concreto, eligieron esta especie por ser la más afectada por la ingestión de plásticos en la actualidad: hasta un 90% de los individuos a los que se le realiza necropsia presentan restos de plástico en su interior.

¿Por qué causan daños los microplásticos?

De forma habitual, cualquier daño en un tejido es arreglado mediante la deposición de colágeno, formando tejido cicatrizado que ayuda a reforzar la zona mientras esta se regenera.

Cuando el daño es repetido y se genera una excesiva cantidad de tejido cicatrizado, se produce una enfermedad llamada fibrosis. Esta enfermedad impide el funcionamiento de los órganos, hace que fallen, o causa constantes respuestas inflamatorias en el animal, provocando problemas crónicos.

Comparación de tejido del proventrículo sano (izquierda) con proventrículo dañado (derecha). En (a) se señala la estructura habitual de la submucosa (base de las vellosidades del tejido) y en (b) se señala una desorganización completa de la submucosa, la cual está engrosada por la presencia de colágeno por la cicatrización. En (e) se observa el grosor habitual de las vellosidades, y en (f) se aprecia cómo la cicatrización afecta al grosor de las mismas. // Imagen original del artículo.

Análisis de los daños

Los investigadores hicieron cortes histológicos del proventrículo de las aves —órgano tras el buche que realiza una pre-digestión antes de llegar al estómago— y determinaron cinco grados de severidad de los daños.

Grados de severidad en la forma y acumulación de colágeno en el proventrículo. En el lado izquierdo, se observa un tejido sano y conforme avanzamos hacia la derecha, vemos tejidos cada vez más desorganizados y con más colágeno acumulado (en azul). Finalmente, en la imagen derecha se ve la pérdida total de la estructura y de las glándulas que forman el proventrículo. // Imagen original del artículo.

Por otro lado, también contabilizaron el número de plásticos ingeridos. Se veía que, en comparación con los años entre 2015 y 2019, las aves habían ingerido hasta 18 partículas de plástico más, posicionándose en una media de 32 piezas de microplástico por animal.

La masa de plásticos ingeridos también aumentó, relacionándose, por desgracia, con una bajada de peso en los individuos. Posiblemente, esta bajada de peso sea causada por una reducción en la alimentación de los animales por los daños en el proventrículo.

¿Cuánto influyen los microplásticos en todo esto?

Teniendo lo anterior en cuenta, los investigadores realizaron una correlación entre el número de plásticos ingeridos y el grado de daño en el proventrículo. Con ello, obtuvieron una clara evidencia de que un mayor consumo de plásticos provocaba mayor grado de daño.

En las dos primeras imágenes (a y b) se observa la correlación entre el número de plásticos y la masa de plásticos ingeridos en relación al grado de daño. Abajo (c y d) se dibujan las gráficas con el número y masa de piedra pómez ingerida.

Como control, usaron los daños que producía la piedra pómez en los individuos. Este mineral es consumido naturalmente por las pardelas para ayudar a la digestión. Como se aprecia en la imagen superior —c y d—, estas no producían ningún daño en el tejido, viéndose que, aunque más masa o número de piedras haya sido ingerida, no se genera más daño.

¿Qué ocurrirá a partir de ahora?

Los resultados obtenidos llevaron a los investigadores a darle un nombre a este fenómeno: plasticosis. Una fibrosis causada por la ingestión de plásticos.

Se estipula que la plasticosis no solo ocurre en las pardelas, sino que posiblemente esté causando daños —aún no estudiados— en más seres vivos de la cadena alimentaria.

Aunque los resultados parezcan desgarradores, estas investigaciones ayudan a hacer público y evidente que la contaminación tiene muchos efectos sobre la vida en la Tierra. Con suerte, futuras investigaciones en la misma línea ayudarán a reunir evidencias suficientes para comenzar a hacer cambios importantes en la gestión de los residuos a nivel mundial.

Mientras, nosotros también podemos aportar nuestra pequeña ayuda y velar porque los plásticos sean adecuadamente reciclados. Podemos incluso evitar que lleguen tantos plásticos al mar mediante la limpieza comunitaria de playas y concienciar al mundo de que estos problemas realmente existen. Cualquier esfuerzo cuenta.

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