BIOPLASTICOS: PLÁSTICOS DE PESCADO

El plástico, material presente en la inmensa mayoría de los bienes que se producen hoy en día, presenta unas cualidades poco amistosas con la vida. Es un material sintético, tóxico en su fabricación, y excesivamente lento en su descomposición. Además de ello, cada año, 7 millones de toneladas de plástico acaban en los océanos.

La Unión Europea lleva años alertando de la problemática de la contaminación de los océanos por materiales plásticos. Sin embargo, la industria aún no cuenta con un material con características similares a éste que pueda ocupar su lugar.

Imagen de un carrito de la compra lleno de deshechos plásticos.
Imagen de deshechos plásticos.

Un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo liderado por Francesca Kerton y Mikhailey Wheeler, ambas de la Universidad Conmemorativa de Terranova en Canadá parece haber logrado una solución.

Empleando deshechos de pescado, como serían sus espinas, sus pieles y vísceras, las cuales acabarían deshechadas en la mayoría de los casos, se ha logrado producir un bioplástico. Ésta alternativa es biodegradable, no tóxica y además permite emplear materiales que hasta el momento solo hubiesen llegado a un vertedero.

Problemática de los plásticos convencionales.

La fabricación del plástico convencional requiere una serie de materiales, los cuales además de no ser renovables, suponen un riesgo para la salud y el medio ambiente. Éstos materiales son el petroleo, y el fosgeno, un gas incoloro y muy tóxico. Este proceso de síntesis genera isocianatos, unas sustancias muy irritantes para las vías respiratorias, las cuales no se descomponen fácilmente.

En cuanto a su gestión como residuos, la gestión de plásticos se hace complicada, debido a la larga vida de estos materiales. Mientras que un plato de plástico puede tardar 50 años en descomponerse, una botella puede llegar a alcanzar los 1.000 años. Sin embargo, este proceso de descomposición lleva asociada otra problemática, la de los microplásticos. Los microplásticos son fragmentos microscópicos de este material. Se han podido encontrar en el suelo, los océanos, el aire e incluso dentro de los organismos vivos.

El gestionar un residuo que tarda cientos de años en descomponerse, y que además su descomposición lleva asociada una tan amplia diseminación por el medio es complicada. La solución más simple y más acertada para este problema parece ser el dejar de emplear el material. Sin residuos plásticos, se acabó el problema.

Ilustración de una tortuga marina cargando con una bolsa de basura.
Ilustración de una tortuga boba (Caretta caretta) cargando con una bolsa de basura.

¿Cómo se hacen plásticos de pescado?

El proceso para hacer plásticos de pescado consiste en emplear las partes sobrantes de los peces de piscifactorías (o de cualquier pescado capturado), y obtener aceites a partir de ellas. Una vez tengamos este aceite, por medio de un proceso que explicaremos a continuación, podemos obtener un polímero muy similar al poliuretano. Por si alguna mente inquieta tiene la duda de si este material huele a pescado, la respuesta es que solo en las primeras fases de su síntesis, después el olor desparece.

Para llevar a cabo la síntesis del bioplástico, se siguen los siguientes pasos. En primer lugar, añaden oxígeno al aceite insaturado de forma controlada para formar epóxidos, moléculas similares a las de la resina epoxi. Tras hacer reaccionar estos epóxidos con dióxido de carbono, unen las moléculas resultantes con aminas que contienen nitrógeno para formar el nuevo material.

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